Fue en el año 1885, cuando el Barón Hellenbach von Paczolay en su libro “Nacimiento y muerte como cambio perceptivo o la naturaleza del hombre” expuso ya la posibilidad de comunicación con el más allá mediante procesos electromagnéticos. Por entonces no existía en magnetófono. Sin embargo, a pesar de no haberse podido comprobar tal idea de manera práctica, podríamos tratar a este personaje de visionario. ¿Qué fue lo que le llevó a plantear este pensamiento? ¿Fue intuitivo? ¿Quizá profético? No podemos asegurar nada, pero lo que si sabemos es que tuvieron que pasar varios año para que el hombre pudiera toparse con el fenómeno de lleno y de la forma más casual posible
Estamos en el año 1901, el antropólogo norteamericano Waldemar Borogas se desplaza a Siberia, concretamente a la región del lago Baikal a estudiar la tribu de los Tchouktchis. Con ayuda de un primitivo fonógrafo de cilindro se dispone a recoger los cánticos tribales de un chamán, pero lo que obtiene aparte de estos, son una serie de voces que en algunos momentos pasaban casi desapercibidas, pero que en otros pasajes se transformaban en fuertes entradas, tan fuertes que e incluso tapaban la propia voz del chamán. El profesor Borogas llegó a contar que estas voces parecían hablar directamente en la boca de la trompeta receptora. Ocho años después, en 1909, Augusto de Oliveira Cambrais, un portugués desplazado a Brasil diseña su “Telégrafo Vocativo Cambrais”, cuya finalidad es la de poder contactar con los espíritus según consta en el registro conservado en el Archivo de Rio de Janeiro.
Sin embargo, todos estos sucesos descritos no son sino una serie de anécdotas que en absoluto se sacan a la luz. El mundo desconoce estos hechos. A pesar de ello, en el año 1915 aparece en la revista inglesa “Light” un extenso artículo sobre la posibilidad de capturar ondas electromagnéticas de otro mundo… tal y como Hellenbach mencionó en 1885.
Por lo que podemos saber, la experimentación no comenzaría hasta el año 1923 en el que el neurólogo italiano Ferdinando Cazzamalli, junto al psiquiatra ruso Wladimir Bechterew obtienen voces paranormales usando una emisora de radio aislada dentro de una jaula de Faraday en un experimento que intentaba comprobar el fenómeno de la telepatía y disponiendo para tal de un sujeto con supuestas facultades Psi, junto a dos histéricos y dos epilépticos, llegando a pensar estos científicos que la señal portadora de la telepatía dependía de algún tipo de onda electromagnética.
El Siglo XX regaló al campo de la TCI la grabadora (fonógrafo), y es posible que su genial inventor nos hubiera regalado el instrumento definitivo de comunicación directa. Pero a pesar de que en 1926 Thomas Alva Edison declaraba su intención de construir una máquina capaz de registrar la voz de los difuntos y establecer un puente comunicativo con el más allá, lo cierto es que no vivió lo suficiente para conseguirlo.
El fenómeno psicofónico es tan viejo como Edison o Marconi, o lo que es lo mismo, tan viejo como la posibilidad que el hombre ha tenido para registrarlo, y es que en el mundo ya estaban sucediendo hechos significativos al respecto. En el año 1934, militares suecos y noruegos recibían voces extrañas, no identificadas, en sus frecuencias. Voces que en el mes de marzo desaparecieron de la misma forma en que vinieron. Estos hechos fueron documentados en los años 50 por el investigador norteamericano John Keel en su libro “Trojan Horse”.
Cuatro años después de estos hechos inexplicables, en el año 1938, un fotógrafo norteamericano llamado Attila Voz Slazay cree percibir la voz de su difunto hijo llamándole; este hecho se repitió durante años, hasta que decidido intentar, en el año 1941, registrarlo en un grabador de 78 r.p.m. Desafortunadamente, sus intentos son frustrados, pero, por razones fortuitas, se produce un encuentro entre Slazy y el investigador parapsicológico Raymond Bayless, el cual no duda en prestar su colaboración en un proyecto que se plantearía durante los tres años posteriores y cuya finalidad sería la de producir las “voces psíquicas” de forma controlada. A todo esto hay que comprender que el enfoque de la época en estos temas siempre giraron en torno al tratamiento de los mismo desde un enfoque psíquico, es decir, generada por el propio hombre, por lo que no es extraño en absoluto que este tipo de voces se les denominaran “voces psíquicas”, lo cual degeneraría en la utilización del muy discutido y sin embargo aceptado término de “Psicofonía”.
Al igual que en el episodio recogido en 1934 por parte de militares suecos y noruegos, volvieron a producirse voces extrañas en torno al año 1942. Este fenómeno se dio durante toda la Segunda Guerra Mundial y fue recogido por radioaficionados de todo el planeta, llegando e incluso a definirlas como “voces de seres ya fallecidos”.
Esta idea potenció algunas iniciativas casi en la entrada de la década de los 50, como por ejemplo demuestra la fundación el 10 de Septiembre de 1949 de la “Spirit Electronic Communication Society” en Manchester, cuyo objetivo era la comunicación electrónica con el más allá.
Al año siguiente, en los Estados Unidos, John Otto, colaborando con un equipo de radioaficionados, capta voces de origen desconocido, las cuales se expresan en una especie de lengua poliglota descritas como “Rápidas y cantarinas”.
El 17 de septiembre de 1952 se realiza la primera investigación rigurosa sobre el fenómeno en los laboratorios de física e la Universidad del Sagrado Corazón en Milán. El padre Gemelli, en presencia del padre Pellegrino Ernetti, obtienen una serie de voces extrañas las cuales fueron remitidas para su análisis al profesor Senkowski de la Universidad de Maguncia en Alemania.
En 1955 el ufólogo norteamericano John Keel comenta la aparición de palabras y frases adicionales en sus cintas magnetofónicas.
El 5 de diciembre, durante una sesión de trabajo, Bayless y Slazy consiguen registrar voces que nunca se escucharon en el laboratorio. Ambos hombres, dándose cuenta de su importancia, intentan llamar la atención de la comunidad cientifica. Bayless se desesperó ante el caso omiso de sus colegas.
En 1957, el Dr. New, de los Estados Unidos y Karl Hinstman, de Alemania, grabaron voces de origen desconocido en sus trabajos al aire libre. Dos años más tarde, en enero de 1959, la American Society for Physhical Research publica una parte de sus trabajos en una larga carta.
No será hasta agosto de 1959 cuando Jurguenson descubre por casualidad el fenómeno de las psicofonías. Desde entonces son miles… puede que e incluso millones, las experiencias que se han producido a nivel mundial, aunque este fenómeno continuará siendo un misterio, quizá uno de los más importantes y a su vez más ignorado por la comunidad científica. El hecho psicofónico seguirá produciéndose una y otra vez y su misterio está aún muy lejos de desvelarse.
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