Se amontonan las teorías sobre el fin del mundo: un choque de planetas, un meteorito, ataques de alienígenas, una tormenta solar, desastres naturales, el Sol dejará de brillar… Hoy quiero mostrar un fin del mundo diferente y tan posible como el resto de la mano del oceanógrafo Jaques Cousteau, que propuso una horrenda visión de las consecuencias de la actual explotación y contaminación de los océanos mundiales por parte de la humanidad
Nota aclaratoria: El presente artículo fue escrito el día 28 de abril de 2013 por Ana Belén Sánchez.
Partiendo de la base de que las 3/4 partes de la tierra están compuestas por agua, habría que apuntar que se estima que el 80% de las substancias que lo contaminan, proceden de la mano del hombre.
Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) la salud de los mares se encuentra en peligro, especialmente por las altas cantidades de fósforo y plástico que se vierten en él, lo que conlleva altos riesgos para nuestra salud y la del resto de los seres vivos. De hecho, además del fósforo, otras sustancias como el nitrógeno, las aguas residuales y los productos químicos elaborados por el hombre afectan al equilibrio natural de los océanos.
El estudio también denuncia la presencia de sustancias ignífugas y almizcles sintéticos asociados a los detergentes que se acoplan a las partículas plásticas que ingiere la fauna marina, lo que las introduce en la cadena trófica humana.
Estos residuos transportan colonias de algas que proliferan peligrosamente asfixiando zonas enteras del mar, conocidas ya como «zonas muertas», en las que se interrumpe el ciclo de vida natural.
Recientemente varios sucesos inquietantes y de tinte apocalíptico han tenido lugar, en lo que se refiere a masivas muertes avícolas y acuáticas, sin que por el momento se haya encontrado una explicación razonable, aunque todo apunta a un efecto producido por la mano del hombre ya sea directa o indirectamente.
La muerte misteriosa de animales se viene produciendo desde el 30 de Diciembre de 2010 en diferentes partes del mundo, el hecho causa desconcierto entre la población y la comunidad científica no logra dar explicaciones convincentes, pero lo cierto es que está ocurriendo casi simultáneamente en diferentes países afectando en su mayoría a pájaros y peces.
Más de 100.000 peces aparecieron muertos en el noroeste de Arkansas a lo largo de un tramo de 20 kilómetros entre la presa de Ozark y la autopista 109 en el Puente del Condado de Franklin.
En Canadá, como si se tratara de una verdadera escena del fin del mundo, decenas de miles de peces y gaviotas aparecieron en la orilla del lago Erie, en la tarde del miércoles 5 de septiembre.
Un agente contaminante, Tal vez una inversión térmica…
El primer caso que se dio a conocer seria el ocurrido también en Arkansas, Estados Unidos, donde sucedió un extraño fenómeno el 31 de Diciembre de 2010, al caer al suelo muertas en pleno vuelo alrededor de 5000 aves de la especie Turpiales Sargento de ala roja, el suceso causó estupor a nivel mundial tanto entre la población como entre los expertos.
Pocos días después, se sumó la extraña muerte de alrededor de 500 mirlos y estorninos en el estado de Lousiana a lo largo de casi un kilómetro de carretera, otro incidente que causó desconcierto entre la gente lógicamente, al que se sumarían casos similares al sur de Suecia o en Castellón, España.
Al día siguiente de la muerte de los pájaros de Arkansas y Luisiana, sucedió una muerte masiva de peces en las playas de la Bahía de Chesapeake, en el estado de Maryland, estimado en dos millones de ejemplares. Las autoridades en su empeño por buscar una explicación razonable y no alarmar a la humanidad, relacionaron la muerte de los peces a las bajas temperaturas registradas en Diciembre y la sobrepoblación de los mismos, descartando un envenenamiento ya que la muerte fue causada solo en una especie de peces.
A éstos casos se suman otros ejemplos, no menos espectaculares, como la muerte de 100 toneladas de sardinas, corvinas y peces gato esta vez en Brasil.
También en Nueva Zelanda aparecieron muertos, sorprendiendo una vez más a la población en las orillas de Little Bay y Bay Waikawau, ubicadas en la Península de Coromandel, cientos de peces, el pasado 5 de Enero.
Especial mención merece también la muerte de cientos de pájaros, en su mayoría tórtolas, en una carretera de Faenza, provincia de Ravenna en Italia, el 7 de Enero de 2011. En este caso se barajan hipótesis sobre envenenamiento, aunque también podría ser una epidemia u otras causas virales, ya que los pájaros tenían en el pico manchas de color azul, lo que podría ser causado por falta de oxígeno.
Por otra parte en Inglaterra se registró también el 7 de Enero de 2011 la muerte inexplicable de decenas de miles de cangrejos rosados que se suman a la ola de muertes de animales en el mundo que viene sucediendo desde fin de año.
Hasta ahora las explicaciones científicas no convencen, lo cierto es que lejos de ser una novela de ciencia ficción, el fenómeno es real y desconcierta a estudiosos y científicos, mientras que alimenta a alarmistas que vaticinan el fin del mundo tomando estos hechos como señales de la llegada del Apocalipsis.
Al fenómeno de las misteriosas muertes masivas de animales se le conoce como “aflockalypse”.
Pues bien, dicho esto, no cabe duda que algo similar pudiera ocurrir a un nivel mundial. Ahora imaginad que toda la vida acuática de los océanos muriera de repente, la materia orgánica en descomposición produciría un hedor insoportable para el delicado olfato humano. Este olor transportado por el aire sería tan insoportable, que impulsaría a la gente a alejarse de las zonas fértiles costeras y establecerse en las montañas y zonas más altas, incapaces de soportar el abrumador influjo de tal cantidad de habitantes.
Sin embargo aún sería peor la liberación de anhídrido carbónico en la atmósfera. Abandonado a sus propios mecanismos y sin la vida acuática para ayudar a mantener el equilibrio de las sales y gases de la Tierra, el gas aumentaría de una forma sostenida y daría origen a temido efecto invernadero y del que tanto se ha hablado en los últimos años.
El calor terrestre,en lugar de irradiar hacia el espacio, quedaría atrapado debajo de la estratosfera y elevaría las temperaturas a nivel del mar a límites intolerables. Como consecuencia, los casquetes polares se derretirían lo que originaria inundaciones de proporciones inimaginables.
Por auténticas pesadillas que estas perspectivas puedan parecer, son posibles y totalmente verosímiles.
A medida que la gruesa película de materia orgánica muerta cubriera la tierra y el mar, el cieno interferiría con la evaporación y las subsiguientes precipitaciones, siendo el resultado una inminente sequía global y por ende vendría el hambre.
La última consecuencia, calculo que unos cincuenta años después, sería la extinción de la raza humana, ya confinada a unas zonas superatestadas entre los mares muertos y las montañas estériles, y sufriendo de falta de alimentos, enfermedades de todo tipo, horribles epidemias…No olvidemos que la climatología sería pésima, por lo que los humanos sucumbirían finalmente a la anoxia o falta de oxígeno quedando la vida sobre la tierra reducida a las bacterias y a unas pocas especies de insectos.
Todo esto llegado el momento, es muy probable que suceda, incluso el proceso tal vez haya empezado ya, con el envenenamiento de los océanos y mares, por lo que ahora sería el momento para comenzar el estudio de vuelos espaciales a otros planetas, sobre todo a aquellos con un buen suministro de agua.
¿Estaremos aún a tiempo de evitar un final del mundo tan cruel?
Ahí queda la pregunta y esa sensación amarga que deja el sentirnos tan vulnerables ante fenómenos tan espeluznantes. Seguro que a partir de ahora miraremos el mar con otros ojos.
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Como siempre muy interesante tu articulo, aunque lostemas que tocas me sobrecogen un poco creo que son muy nutritivos para el hambre que todos tenemos de las cosas misteriosas y parapsicologicas. Te seguiré leyendo, seguro.
Apocalíptico este artículo!!!
La verdad es que pienso que la mano del hombre hace más daño que la naturaleza, pero la coincidencia de fechas, la falta de explicación lógica a esos sucesos y el número de veces que sucede, hace pensar que sin darnos cuenta y silenciosamente, como dice la autora, la falta de recursos y las causas secundarias de esta destrucción, puede cambiarnos totalmente el ecosistema y nuestra forma de vida.
Sobre la pregunta última de la autora, entiendo que es un claro sí, pero como humanos que somos, seguro que estaremos más preocupados de exprimir los recursos que convivir con la tierra. Aunque sea a costa de la supervivencia. Somos así de idiotas.
Buen artículo.
Otro articulo interesante Ana….aunque este realmente da mucho respeto…siempre he pensado q el mar reclamara su terreno q el hombre con sus edificaciones le ha quitado.Esperems que esto realmente no suceda y pensar que debemos hacer para q los oceanos no queden totalmente destruidos.Gracias otra vez Ana por abrirnos de nuevo los ojos…