Después de la gran acogida del anterior artículo sobre la investigación psíquica en el Preventorio de Aigües de Busot, muchos han sido quienes quieren saber más acerca de él, y ya está programada una nueva investigación, pero esta será dentro de unos meses. Hoy os ofrezco un recorrido fotográfico por tan famoso lugar que últimamente se ha convertido en un lugar de peregrinación de aficionados -y no tan aficionados- al misterio
En realidad, para el tema que me ocupa, el misterio, poco importa si este enclave fue un hotel de gran lujo o las fechas exactas en que fue cambiando de dueño, lo que interesa, en mí caso, es si aquella fotografía captada por Pedro Amorós era un juego de luces que se asemejaban a un monje o si en realidad fue algo no conocido.
Fotografía obtenida en el preventorio por Pedro Amorós
Por otra parte siempre aparecen quienes juzgan sin saber recién llegados al misterio que, con insultos pretenden crecer, lanzando calumnias contra quienes hoy día están en la cumbre del misterio, un claro ejemplo es que intentan avasallar a Iker Jiménez o Sol Blanco Soler.
Hoy quiero mostraros en fotografías un lugar cargado de misterio. Lugar que a ningún visitante deja indiferente. Algo parece habitar entre sus muros en ruinas, un enclave apunto de desaparecer, hundido por el paso del tiempo, por el vandalismo y por el total abandono.
Lugar extremadamente peligroso y poco aconsejable de visitar por su estado ruinoso.
Su fachada adquiere un tono mucho más “fantasmal”, e incluso sarcástico, cuando la luz del Sol comienza a mermar. A unos les llama y a otros les horroriza, y ser presa de la sugestión es una gran posibilidad al igual que sucumbir a sus encantos los podemos apreciar la belleza donde otros no la ven.
Abierto de par en par nos da la bienvenida…
A cada uno le atraerá algo en particular, e incluso habrá quien desee que esta belleza acabe sucumbida en escombros. Mis particulares deseos siempre son positivos y pienso que ojalá se hubiese restaurado para volver a ser de utilidad, sin embargo, creo que ya es demasiado tarde y su final posiblemente esté próximo.
Sus pasillos nos animan a adentrarnos en su inmensidad, macabro retrato de un pasado glorioso.
Cada estancia se muestra agonizante, con paredes desconchadas, agujeros peligrosos en el suelo y un techo que amenaza con desplomarse.
Quizá el preventorio clame ayuda, o tal vez ya se haya resignado a su final. Culturas y religiones lejanas a la nuestra aseguran que todo tiene vida: cada piedra, cada planta e incluso lo más inanimado que encontremos, culturas orientales aseguran que las casas son elementos con cierta “vida”, y así me parece este preventorio.
Recorriendo cada estancia poco parecen diferir unas de otras, pues todo es agonizante y desesperante a un lado y a otro.
Contemplamos un lugar desolado y proseguimos entre sus pasillos mirando y fotografiando cada rincón, pero sobre todo sintiendo el lugar: sensaciones que por otra parte pasan desapercibidas para quien no es capaz de sentir más allá de lo convencional, nuestros sentidos se agudizan y de alguna manera se conecta con el lugar.
Vista la primera planta decidimos subir a las superiores, para lo cual es preciso bordear el edificio. En la parte trasera nos encontramos un acceso tapiado antaño pero libre, al menos por ahora. Insistir en la gran peligrosidad del lugar y recordar que el misterio habita por doquier, y este enclave puede ser tan “normal” como cualquier otro, un lugar clave de sensaciones y alguna posible manifestación.
Sus escaleras pueden llegar a ser una trampa mortal, pues su estado en general es deplorable, pero con sumo cuidado accedemos a la segunda planta desde donde iremos a visitar el resto de las estancias.
Es un lugar similar al Sanatorio de Agramonte, a Torremanzanas o al Hospital del Tórax, pero cada enclave tiene su sensación. Todos los investigadores que se han acercado hasta el Preventorio de Aigües han asegurado que «algo” les atrae, y quienes son más sensibles, como el caso de mi compañera, llegan a percibir lo que permanece mudo para quienes no somos capaces de acceder a una longitud de ondas especial donde la emotividad cobra un especial sentido. Por descontado omitiré a quienes niegan la capacidad de “percibir”, pues entra dentro de los estudios de cualquier investigador de parapsicología que se precie o se autodenomine.
Se habla de sensaciones, de imágenes espectrales, de golpes sin sentido, de extrañas luminarias y de psicofonías. Algunos de estos fenómenos son del todo reales y avalados por investigadores de prestigio, otros, en cambio, forman parte de la más estricta leyenda.
La leyenda de la dama blanca no deja de ser eso, una leyenda, al igual que sucede en otros tantos enclaves en donde se asegura que, en determinadas ocasiones, una imagen como de persona brillante es vista.
Ni todos somos capaces de ver el mismo espectro de luz, ni todos somos capaces de escuchar el mismo rango de frecuencias. El médium, en este caso, cuenta con un lugar donde despertar sus cualidades.
Podemos negar cuanto no nos guste, e incluso negarme a mi, decir que lo que expongo son sensaciones que provienen de una sugestión algo melancólica, pero tachar de mentirosos a quienes aseguran haberse topado con lo “absurdo”, con lo «desconocido”, es blasfemar de la peor manera.
Partes de este preventorio están apuntaladas, pero parece que de poco servirá.
Algunos aseguran que aquí nadie murió, pudiera ser que sí o pudiera ser que no, pues es bien sabido que los niños más enfermos eran trasladados a Torremanzanas, lugar especialmente diseñado para este menester. Hay quienes aseguran que este era un lugar tranquilo y lleno de felicidad, pero quien verdaderamente se ha parado a estudiar rigurosamente lo que se puede descubrir de su historia, advierten que se dieron malos tratos (Quienes han estudiado esta historia minuciosamente no he sido yo y me remito a los testimonios de investigadores que gozan de todo mi reconocimiento).
Grandes grupos de investigación se han acompañado de sensitivos, y aunque todos quienes dicen serlo, no lo son. Yo, de vez en cuando me encuentro con uno de verdad, como en esta ocasión. Ella ya me advirtió de un lugar cargado de sensaciones donde lo que muchos denominan como irreal se hace presente. Para el recién llegado le será muy difícil entender estas apreciaciones y tan solo llegará a hacerlo con el paso del tiempo, pero sobre todo con la experiencia, la verdadera experiencia de los grupos que avalan el trabajo con sensitivos.
En las fotografías aparecen pareidolias cuanto menos curiosas. El lugar ofrece todo un cúmulo de reflejos y luminarias que nos pueden confundir, pero la esencia no se plasma en las fotografías sino en la mente.
Podemos acudir a este o a cualquier otro preventorio cargados con aparatos, luces y sonidos, los cuales nos advertirán de la temperatura, de iones, o de alteraciones magnéticas, pero que no serán más que simples alertas si no contamos con lo verdaderamente esencial, la mente de quien es capaz de sentir, una combinación de tecnología y ser humano pueden ser la clave que nos de alguna respuesta en un futuro.
Hay quienes nos hablan de una interfase, de una especie de lugar que no está ni en nuestra realidad ni en la quinta u otra dimensión. Pretender saber que hay en estas dimensiónes es pretender saber demasiado, pues tal investigación se encuentra en sus preámbulos siendo investigada por científicos, como por ejemplo los del CERN mediante el acelerador de partículas.
Tal vez en esta interfase queden presas las almas que de alguna manera se sienten ligadas al lugar, reviviendo sensaciones y vivencias en un continuo ir y venir. Prestigiosos investigadores del misterio y lo paranormal apuntan a tal posibilidad y con ayuda de determinadas personas con facultades pueden ayudar a que estas “almas” -o como queramos llamarlo-, crucen hasta donde les corresponda. Tal vez sea una apreciación que roce lo esotérico e incluso para muchos sea objeto de mofa, pero lo mejor no hacerme caso a mí y remitirse a quienes han investigado esta temática y estas posibilidades.
Volviendo al tema de las leyendas, se comentaba que en este lugar existía un horno crematorio de cadáveres, cosa poco probable y que suena más a quienes han querido dar más morbo al lugar. Posiblemente si existiera tal crematorio, pero no dentro del preventorio, seguramente en sus inmediaciones y no con el objeto de quemar cuerpos si no para deshacerse de ropas contaminadas y restos varios.
Un imponente depósito de agua, testigo mudo del paso de los años y de posibles realidades no contadas, al igual que los muros del edificio, guarda silencio.
Unos desean a toda costa que se derrumbe y que las palas mecánicas de inmensas excavadoras acaben con el lugar, a otros nos encanta, y aun sabiendo de su extrema peligrosidad, estamos convencidos de encontrarnos ante otro de los iconos del misterio en nuestro país.
Nos marchamos con nuestras sensaciones, posiblemente alguna errada, pero nuestras, deseando lo mejor a un lugar que otros maldicen.
Los lugares no son patrimonio de ningún investigador y aun cuando hay quienes quieren creer que el preventorio les pertenece, no es así, pues es tan solo de sus legítimos dueños, y su esencia y misterio, patrimonio de todos.
Volveremos…
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