Siguiendo nuestro periplo por tierras lusas, y después de haber visitado un interesante lugar, que hemos bautizado como el orfanato abandonado, dimos con dos hospitales abandonados muy curiosos. Situados en medio de un complejo donde aun hay edificios en activo y donde se sitúa el hospital comarcal de nueva construcción, en su interior dicen, testigos portugueses, que se suceden fenómenos paranormales. Nuestra visita no era de investigación, más si para catalogar los lugares con el fin, de que en un futuro, barajemos la posibilidad de acercarnos a hacer algunas experimentaciones…
Nota aclaratoria: Quiero, ante todo, pedirles disculpas, pues de camino a Portugal se rompió el diafragma de mi cámara y, como es normal, no tenía una de repuesto, que suelo utilizar en Madrid y en ambientes menos propensos a golpes, por lo que las fotografías del presente reportaje se realizaron desde la cámara del teléfono móvil.
Para introducirnos en materia, nada mejor que enseñarles una vista general del lugar. En un primer momento puede parecer pequeño para haber sido un hospital. En realidad era un pabellón, pues el lugar está repartido en varios edificios, unos rehabilitados, unos nuevos y, por lo menos, tres abandonados.
Como podrán ver, en la puerta principal hay una ambulancia (de la época, de la que parece el coche de los cazafantasmas y que, como pude ver, aun se sigue utilizando en servicios activos en Portugal), una furgoneta, seguramente de reparto de material o transporte de enfermos y un par de coches, en un principio particulares, abandonados.
Debido a que era de día y había gente, intentamos en un primer momento el acceso al lugar por una puerta abierta que conducía a los sótanos. El terreno, al ser suelo de madera, era peligroso en el interior y había que andar extremando la precaución. Debido a una grandísima cantidad de mosquitos, descartamos seguir esa vía e intentamos, seguidamente, entrar por la principal.
Una vez dentro, uno se da cuenta de que es el clásico lugar donde, si no vas con cierta experiencia y precaución, hay muchísimas posibilidades, muchas más que en otro cualquier sitio mejor conservado, de sufrir un accidente. Por lo que siempre repito: Si se acude aun lugar abandonado, siempre ir con la mente despejada y con precaución, pues accidentes graves han ocurrido, por ejemplo, en el Sanatorio de La Marina (Madrid), donde un chaval, seguramente de fiesta, cayó por el hueco del ascensor (Contado la última vez que fui por la Policía Local).
Dentro, reinaban, como es normal, las estancias llenas de documentos y material de todo tipo.
Sin duda alguna, lo mejor de este enclave empieza a verse en las habitaciones, que aun conservan su añeja esencia de primera mitad de siglo XX, incluso en sus materiales, donde pudimos encontrar desde orinales hasta jarrones para limpiar a los enfermos. Muy curioso si se tiene curiosidad por la historia.
Pudimos ver las estancias destinadas a almacén de material así como una sala llena de botellas vacías, preguntándome que interés habría en almacenar dicho material, aparentemente sin utilidad.
Las escaleras, aunque frágiles, estaban en buen estado.
La siguiente fotografía es la muestra del riesgo de que uno pueda ser observado en este sitio, sobre todo de noche, cuando hay que hacer uso de linternas y otras fuentes lumínicas.
A continuación, quiero mostrar una vez más mi absoluta indignación sobre una situación que se presenta en la mayoría de lugares abandonados donde he ido durante 15 largos años. No es más que la vulnerabilidad a la cual estamos sometidos todos a la hora de que, una persona que va a dar una vuelta por ciertos lugares, pueda ver fichas médicas, historiales en papel, etc… sin haber sido previamente destruidos. Es absolutamente indignante que, para un pequeño empresario, sea obligatorio tener un fichero registrado en la autoridad competente y diferentes medidas de seguridad para proteger sus datos y, en un estamento público como es un hospital, se cometa esta tremenda ilegalidad e intromisión a la intimidad. Pero, ya se sabe, aquí hay dos mundos, el político y el real, el del ciudadano. Lo digo por estas fotos:
Con este aterrador panorama (el que he expuesto en el párrafo anterior), nos despedimos de este enclave, rápido de explorar (aproximadamente 30 minutos).
Al salir, fuimos sorprendidos por uno de los vigilantes de seguridad que trabaja en el recinto, instándonos a abandonar el lugar, pues según el «El hospital (Se entiende el nuevo, propietario de los terrenos, aunque creo que se referiría al Ministerio de Sanidad, del cual el hospital depende) no se hacía responsable de los accidentes que pudiesen ocurrir«. Todo ello con la frialdad, pero buenas palabras, características de los portugueses. Entonces, si no se hacen responsables, ¿Por qué no nos dejan estar? Aunque, sinceramente, lo entiendo, puesto que si hiciesen la vista gorda permanente no tardarían en llegar los vándalos a romper la paz del lugar. Creo, además, que el vigilante se equivocó, puesto que si el terreno pertenece al Ministerio si se haría, en cierto modo, responsable de proteger el lugar, los accidentes son siempre responsabilidad de quien se cuela sin permiso (Que lo sepan ellos y que lo sepan todos los que se meten en lugares de este tipo.
Enfrente, y tras asegurarnos que el vigilante ya se había ido, se situaba otro gran edificio abandonado. Entramos por una ventana del piso bajo, pero no pudimos seguir adelante. Razón: El suelo estaba muchísimo peor que el anterior, y en muchas ocasiones hundido. Aparte, las escaleras estaban, literalmente, derrumbadas, imposibilitando el acceso al lugar. No obstante, merece la pena publicar una foto de su fachada:
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